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Cuando cae la noche, este lugar de Corrientes ofrece un espectáculo imposible de ver en las ciudades

“De uno de sus patios haber mirado las antiguas estrellas, desde el banco de sombra haber mirado esas luces dispersas que mi ignorancia no ha aprendido a nombrar ni a ordenar en constelaciones…”, escribió Jorge Luis Borges en su poema “El Sur”.

El autor de “Ficciones” no fue el único en dejarse fascinar por el firmamento. Desde épocas inmemoriales, el cielo y las estrellas despiertan la fascinación del ser humano. Contemplar el universo es una experiencia que nos conecta con lo esencial y una invitación a observar y descubrir.

En los Esteros del Iberá, en la provincia de Corrientes, donde la naturaleza se despliega toda, la escasa contaminación lumínica y la amplitud del paisaje ofrecen condiciones ideales para disfrutar del cielo nocturno.

En Colonia Carlos Pellegrini, el pequeño pueblo correntino a orillas de la laguna Iberá, la noche abre una ventana al universo.

Lejos de las luces de las grandes ciudades, la Vía Láctea, las constelaciones y miles de estrellas pueden convertirse en protagonistas de una experiencia que invita a redescubrir el cielo y a mirar la naturaleza desde otra perspectiva.

Desde 2016, Mario Martins organiza excursiones que buscan impulsar el astroturismo en Colonia Carlos Pellegrini. Su propuesta combina la observación del cielo nocturno con la divulgación científica y las referencias al patrimonio biocultural y la cosmovisión ancestral guaraní.

La iniciativa surgió a partir de las dificultades que comenzó a encontrar en las caminatas nocturnas para observar fauna.La noche en Colonia Carlos Pellegrini invita a vivir la naturaleza desde una nueva perspectiva. Foto Mario MartinsLa noche en Colonia Carlos Pellegrini invita a vivir la naturaleza desde una nueva perspectiva. Foto Mario Martins

“En 2016 empezamos a notar que las excursiones nocturnas se complicaban. Había poca fauna, llovía y las condiciones climáticas no siempre acompañaban. No me gustaba que la gente se fuera sin haber visto animales. Pero, a su vez, empecé a darme cuenta de que a la gente, sobre todo a los mayores de 50 años, le interesaba mucho la astronomía. Entonces pensé en integrar esa parte con la cultura y la naturaleza, especialmente con las plantas”, cuenta Martins, guía de turismo en el Parque Nacional Iberá (Portal Laguna Iberá) y en el Parque Provincial Iberá, además de guía de astroturismo.

Así convirtió su pasión por la astronomía, que nació en la infancia, en un oficio a través de su emprendimiento Astroturismo Ñandú Pysá. Con el tiempo, empezaron a llegar pedidos de escuelas de la zona, de Colonia Carlos Pellegrini y de Mercedes. También lo convocaron para dar charlas en campamentos científicos.

Las excursiones

“Generalmente hacemos las excursiones en un mirador a orillas de la laguna Iberá. Cuando se trata de grupos familiares, también podemos hacerla en el patio de un hotel o en un camping”, explica el guía, quien asegura que el primer paso es reconocer la contaminación lumínica.Cuando cae el sol comienza el espectáculo nocturno en Iberá. Foto ArchivoCuando cae el sol comienza el espectáculo nocturno en Iberá. Foto Archivo

Por eso, cuando se encuentra con los grupos, comienzan en un lugar donde hay ese tipo de contaminación. Allí hablan de sus efectos sobre la naturaleza y sobre ellos mismos, así como sobre la importancia de la oscuridad.

Después de alejarse unos pasos de las fuentes de luz, la oscuridad se vuelve total. Y al cabo de unos minutos, los viajeros comienzan a notar cómo cambia su campo de percepción.

“Cuando nos alejamos de las luces aparecen las estrellas, los planetas y esas manchas del cielo que llaman la atención. Como cuando te alejás de una lámpara: en Colonia Carlos Pellegrini tenés un cielo totalmente despejado sobre tu cabeza. A quienes vienen de la ciudad les sorprende ver tantas estrellas. Se preguntan dónde estaban y por qué nunca las habían visto”, cuenta Martins sobre la reacción de los visitantes.

Las constelaciones que se pueden ver varían según la época del año. “Por ejemplo, ahora se ven Escorpio y la Cruz del Sur. En otros momentos aparece Orión, con las Tres Marías, y eso nos permite descubrir otras historias y conocimientos vinculados al cielo”, dice.Según la época del año, se ven distintas constelaciones. Foto ArchivoSegún la época del año, se ven distintas constelaciones. Foto Archivo

Sin embargo, la actividad no consiste solamente en identificar estrellas. También recupera historias personales y saberes transmitidos entre generaciones.

Según el guía, “cuando empezamos a observar el cielo, pasa algo muy lindo con los turistas. Muchas personas mayores empiezan a contar historias de su juventud y recuerdan cómo observaban las estrellas y reconocían las fases de la Luna. A muchos, volver a mirar el firmamento les despierta recuerdos de la infancia. Después se fueron a vivir a las grandes ciudades y perdieron esa posibilidad de contemplar tantas estrellas”.

La observación también abre la puerta a las distintas maneras en que las culturas interpretaron el cielo a lo largo de la historia. “A la gente le encanta conocer la cosmovisión guaraní. No pueden creer que esa cultura haya tenido tantos conocimientos sobre el cielo. La información científica está siempre presente, pero la manera de transmitirla va cambiando de acuerdo al grupo. No es lo mismo una familia que un grupo de adultos o de estudiantes”, aclara.

La excursión de astroturismo en los Esteros del Iberá cuesta $ 35.000 por persona. Los niños de 5 a 12 años abonan la mitad y los menores de 5 participan gratis.Carpinchos en Colonia Carlos Pellegrini. Iberá es uno de los principales destinos de naturaleza del país. Foto ShutterstockCarpinchos en Colonia Carlos Pellegrini. Iberá es uno de los principales destinos de naturaleza del país. Foto Shutterstock

La actividad dura alrededor de una hora y media, aunque puede extenderse. “A veces, nos quedamos hasta dos y tres horas porque la gente no se quiere ir”, cuenta el guía Mario Martins. Para más información y reservas, el Instagram es @ibera.mariomartins y el celular +54 9377349-3326.

Quizá en esos pequeños detalles resida la magia de mirar las estrellas. Descubrimos que el cielo no solo guarda los misterios del universo, sino también fragmentos de nuestra propia historia. Entre abuelos, hijos y nietos, esas luces que Borges no había aprendido a nombrar se convierten en recuerdos, preguntas y relatos compartidos.

Fuente: Clarín

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