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Bondiola al disco, el recuerdo de Soriano y tradición ferroviaria: dos pueblos para una escapada cerca de Tandil

Fueron apenas dos años de un momento de gloria efímera. Desde 2014 hasta 2016, el tren turístico que unía Tandil con Gardey y María Ignacia -Vela volvió a instalar en los mapas y GPS esos dos pueblos rurales y pobló sus calles de centenares de visitantes, como también sucedía décadas atrás, durante la añorada época del esplendor ferroviario y la actividad agropecuaria.

Sin embargo, el cierre del ramal trajo otra vez los fantasmas del éxodo de los lugareños y la incertidumbre de los que eligieron quedarse en estos pueblos de la provincia de Buenos Aires.

Antes de que fuera definitivamente tarde, los propios vecinos y las autoridades municipales se plantearon el objetivo de poner en valor y mostrar los atractivos principales -todos ellos sutilmente decorados por la silueta sinuosa de la serranía de Tandilia-, como para recuperar parcelas del terreno perdido.

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A menos de 40 kilómetros de la ciudad cabecera, Vela marca el paso desacelerado de su gente y los turistas con el paseo autoguiado que sugiere el bulevar Tandil.

Es la mejor perspectiva para admirar el señorial diseño de la sede de la Delegación Municipal, una postal posible que se completa, a un costado, con la fachada de la parroquia Nuestra Señora del Rosario.

En esos dos edificios de referencia es posible empezar a desandar el pasado local, un recorrido centenario -iniciado en 1885 por el pulpero y hacendado Pedro Vela– que hoy es reflejado en una larga secuencia de casas sostenidas por paredes ajadas de ladrillo a la vista.Delegación Municipal de Vela, partido de Tandil.Delegación Municipal de Vela, partido de Tandil.

También se destacan el Museo Histórico y de Ciencias Naturales Aurelio de Lusarreta -bastión de la memoria popular recuperado en 1985 por alumnos de la Escuela Secundaria Nº 5 Sargento Cabral- y una muestra al aire libre de maquinaria agrícola en desuso.

Entre los recuerdos más entrañables que recobran su valor identitario estos días, los velenses reservan un sitial inamovible para las delicias que les prodigaba la panadería La Estrella (“ahí nos compraban enormes medialunas, tortas negras, bizcochos de maicena”, repasa su infancia el empresario turístico Walter Orsi).Antigua estación del Ferrocarril Sud en Vela, partido de Tandil.Antigua estación del Ferrocarril Sud en Vela, partido de Tandil.

De esas especialidades también dejan constancias las voces memoriosas de los pobladores descendientes de los inmigrantes italianos, españoles, franceses y árabes que trabajaban para la cantera Troncoso y Varela en la extracción de piedra de las Sierras Altas de Chapaleofú.

Parte de aquellos encantos había entrevisto en los años ’60 el novelista y periodista Osvaldo Soriano, que más de una vez repasó un tramo de su juventud en “Colonia Vela” sentado sobre una silla blanca y tomando caña en el bar Tito, mientras la atmósfera amigable del pueblo lo inspiraba para esbozar los relatos de “No habrá más penas ni olvido”, “Cuarteles de invierno” y “Una sombra ya pronto serás”.

Los latidos del alma de Vela suelen acelerarse en los jardines del Prado Español, el epicentro de los bailes populares, los festejos del Carnaval, los chapuzones veraniegos y las actividades culturales, con la Fiesta del Dulce de Leche -la especialidad de los alumnos de la Escuela de Educación Media Nº 5- a la cabeza.Parroquia Nuestra Señora del Rosario, en Vela, partido de Tandil.Parroquia Nuestra Señora del Rosario, en Vela, partido de Tandil.

Pasión por el encuentro social

La misma pasión por el encuentro social se registra en la estación del Ferrocarril Sud -reconvertida en Escuela de Adultos y el estudio de la radio FM 103.9 María Ignacia- y se comparte con los pobladores de Gardey en el Balneario Municipal, a 9 kilómetros de Vela, donde se disipa la polvareda del camino de ripio de 23 kilómetros que une los dos pueblos que recubre el entorno de campos alfombrados de girasol, vacas pastando y caballos sueltos en la inmensidad rural.

En este recreo concebido a orillas del arroyo Chapaleofú Chico, las charlas se extienden -siempre en un tono fraternal y a media voz- en medio de una sesión de pesca, un paseo en kayak o en canoa o alrededor de las mesas y asadores instalados a la sombra de la arboleda.Balneario Municipal del arroyo Chapaleofú Chico, en el camino de Vela a Gardey, partido de Tandil.Balneario Municipal del arroyo Chapaleofú Chico, en el camino de Vela a Gardey, partido de Tandil.

Boliche legendario

Si en Vela los más veteranos rescatan el paso de Soriano y del estanciero y político porteño Carlos Casares por sus calles, en Gardey retumban los ecos del aporte decisivo de otros nombres fuertes y escenas de las películas “Que vivan los crotos”, “Los chicos de la guerra” y “El linyera”.

El prócer más venerado se desprende de la documentación acumulada en la Biblioteca Popular creada en la estación de tren: el inmigrante italiano Pablo Guglieri, que compró las tierras a Eduardo Gardey para fundar el incipiente caserío en 1913.

A su vez, el pionero terrateniente había llegado antes a ese descampado, donde en 1884 se había establecido la estación Pilar, y administraba sus parcelas desde su almacén de ramos generales Las Hosquetas, el refugio ideal que encontraban los peones de campo para entonarse con partidas de truco y tragos de caña quemada, grapa y cualquier otro aperitivo fuerte capaz de anticiparles una auspiciosa jornada laboral.Almacén Vulcano, en Gardey, partido de Tandil.Almacén Vulcano, en Gardey, partido de Tandil.

Reconvertido en el almacén, bodegón y centro cultural Vulcano, el legendario boliche sigue en pie y abierto a la clientela como la más vistosa puerta de entrada a Gardey, a un costado de la ruta 80, que aquí inicia su tramo asfaltado hasta Tandil.

Desde los primeros bocados de salames y quesos que deleitan todos los paladares por igual, turistas y lugareños sienten el crujido de sus pasos sobre el piso de pinotea antes de acomodarse frente a las estanterías originales de madera maciza.

Indefectiblemente se los percibe dispuestos a degustar las porciones descomunales de los platos de campo. Por las dudas, como para atraer la atención de los menos advertidos, un austero cartel anuncia sin más especificaciones “Bebidas, minutas, picadas”.

Sin embargo, muchos llegan avisados de que las especialidades más renombradas de la casa son la empanada de carne cortada a cuchillo o de bondiola, el matambrito de cerdo a la pizza, el flan casero y la inigualable bondiola al disco, la mejor propuesta que sale de las creativas manos del bolichero Juan Ignacio “Panchi” Liverotti.Parroquia San Antonio de Padua, en Gardey, partido de Tandil.Parroquia San Antonio de Padua, en Gardey, partido de Tandil.

Al fondo del salón principal, las habitaciones de la casona de 1913 que alberga el comedor fueron refaccionadas para la apertura del Museo Malvinas, el único en su tipo en el país inaugurado dos semanas antes del estallido del conflicto bélico, en 1982. En cinco salas se exhibe la colección de más de 1.500 objetos aportada por el vecino gardeyense Santiago Calvo.Centro Cultural La Vieja Escuela, en Gardey, partido de Tandil.Centro Cultural La Vieja Escuela, en Gardey, partido de Tandil.

Una caminata por el pueblo permite vincular el circuito de turismo visual sugerido por diez estampas pintadas en espacios públicos por el artista local Pablo Orcajo con el colorido mural extendido sobre los dos planos de la pared del Club Ferroviario -en la esquina de 15 y 18-, un atelier de arte y pintura, una feria de emprendedores y la llamativa postal de una piscina pública construida en medio de la plaza principal.

Al fondo, los colores más representativos del pueblo adoptan otras tonalidades en los cerros, que agregan matices al paisaje ondulado del campo.Club Ferroviario, en Gardey, partido de Tandil.Club Ferroviario, en Gardey, partido de Tandil.

Cómo llegar

  • Desde la ciudad de Buenos Aires hasta Gardey son 377 kilómetros por Autopista a La Plata, ruta 2 hasta Las Armas, rutas 74 y 226 hasta Tandil y ruta 80; hasta Vela, 400 kilómetros. Opción: Riccheri, Autopista Ezeiza-Cañuelas, ruta 3 hasta Las Flores, ruta 3 hasta Tandil y rutas 226 y 80.
  • Bus cama Cóndor Estrella o Vía Bariloche de Retiro a Tandil (5 a 6 hs.), $ 37.000 a $ 48.100; semicama Vía TAC, $ 33.000 a $ 43.000; pullman Platabús, $ 41.000.
  • Colectivo 500 (Transporte Nueve de Julio) desde Tandil hasta Gardey, $ 3.170; hasta Vela. $ 6.980.
  • Remís para 4 pasajeros de Tandil a Gardey, $ 30.000 ida y vuelta; a Vela, $ 50.000 ida y vuelta; hora de espera, $ 10.000 (0249- 443-3333 / 0249- 154609999 / remistandil@gmail.com).

Dónde alojarse

  • En Tandil, cabañas Brisas Serranas: suite Junior para dos personas entre semana con media pensión, piscinas descubierta y cubierta climatizada, pool, ping pong, parrilla, TV cable, wi-fi y cocina con microondas, horno, heladera y freezer, $ 179.000 (0249- 154369123 / 0249- 154283710 / info@brisasserranas.com.ar / www.brisasserranas.com).
  • Cabañas Colinas Serranas: para 4 personas, con desayuno, juegos para chicos, parrilla, piscina, ropa blanca, cocina, cancha de fútbol y wi-fi, $ 88.000 la noche entre semana; fin de semana común, $ 120.000 la noche; fin de semana largo, $ 188.000 (0249- 154609939 / 0249- 154467441 / colinasserranas@gmail.com / www.colinasserranas.com.ar).

Dónde informarse

Fuente: Clarín

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